EL MÁS PRECIOSO DON.


 

En el Quijote de la Mancha, se leen estas palabras del peculiar Caballero: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.” ¡Cuán precioso don es la libertad, sea esta física o espiritual! Hemos sido creados para vivir en libertad, sin embargo el ser humano se empeña en impedir la libertad del otro y a veces hasta de sí mismo, imponiendo normas y limitaciones que nada tienen que ver con una sana convivencia ni conducen a la felicidad. Los pueblos son sometidos muchísimas veces a dictaduras atroces, o expuestos por gobernantes autoritarios e injustos a perder sus libertades individuales. Grupos minoritarios, etnias o personas diferentes, son limitados en sus derechos. Formas de pensamiento o religión son coartadas  y hasta perseguidas. La libertad es amordazada, prohibida y asesinada, por causa de la intolerancia y el desamor.
Una de las actividades humanas en que la libertad es la principal bandera es el Arte. Si bien es cierto hay unas normas estéticas universales, dadas por la armonía que existe entre el universo creado y nuestro cerebro; la creación artística fluye, vive y se expresa en un contexto de libertad. La mente y el corazón, razón y sentimientos, se liberan en la Plástica, la Música o la Literatura. Sin libertad no puede haber una auténtica obra de arte; ésta repugna de límites y obligaciones, y es en esencia libertaria. Durante toda mi vida he disfrutado del Arte, tanto en su creación como en su contemplación y ha sido para mí fuente de gran gozo, casi espiritual. Como dijo Paulo VI “el Arte es la antesala de la espiritualidad” entendiéndose lo espiritual como aquella esfera en que el ser humano se contacta con la Divinidad.
Lo espiritual, sea la Religión o la Metafísica, debiera conducirnos a una liberación completa pero lamentablemente suele presentarse como un cúmulo de normas, prescripciones y prohibiciones con amenaza de castigos. Lejos de liberarnos, nos somete por el miedo y no nos libera de culpas, heridas, traumas, prejuicios y toda esa serie de enfermedades que llevamos en el alma. Muy lejos de esa concepción están las enseñanzas del Maestro Jesús, quien vivió empeñado en liberar a la gente de sus distintos cautiverios, fueran la lepra, la ceguera, la invalidez, una epilepsia, la inseguridad, el temor o la misma muerte. En cierta oportunidad les dijo a unos judíos que habían creído en él: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; / y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (San Juan 8:31,32) Tiempo después, uno de los apóstoles escribiría: "Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud." (Gálatas 5:1) El Evangelio de Jesucristo es una doctrina liberadora, un mensaje de libertad dirigido a todo hombre y mujer cautivo, sea por el dolor de la injusticia, la enfermedad o la culpa; y no esa distorsión hipócrita que nos presenta tantas veces la religión establecida. Cuidemos el don más preciado que Dios nos otorgó, la libertad, y busquemos a Su Autor.

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