NUESTRO ROL




Se suele decir que los hijos son el fiel reflejo de los padres, aunque también hay excepciones y padres despreocupados y poco cariñosos pueden tener hijos que resulten ser unos papás responsables y amorosos. Pero lo cierto es que la mayoría de las veces quienes saben formar a sus pequeños con buenos ejemplos, valores y consejos, obtienen de ellos jóvenes que llegarán a ser adultos equilibrados. Es evidente que nadie es una copia fiel de otro pues los seres humanos somos únicos, sin embargo la huella del hogar donde fuimos formados es una marca imborrable.
A veces la familia reclama de la escuela esa formación que ella no entrega. Es tarea de la Educación instruir en conocimientos, entregar información, socializar al niño, descubrir y desarrollar sus aptitudes e intereses, posibilitar un encuentro consigo mismo y su vocación o llamado, pero la tarea formativa es principalmente de la casa. Así como la escuela no puede renunciar a su rol educativo, el hogar no puede dejar la formación moral y espiritual a otra entidad. El origen latino de la palabra educar es guiar o conducir; idéntico significado tiene la palabra griega “pedagogo”, el que conduce al niño. Los maestros acompañan, conducen, guían a sus alumnos por la senda del conocimiento de la cultura y de sí mismos.
Tampoco podemos descansar en la Iglesia la formación espiritual de nuestros hijos. Hay papás que piensan que la religión es un asunto personal y que sus hijos decidirán cuando sean adultos si creer o no creer, si adscribirse a alguna forma de fe; pero lo cierto es que al optar por esa posición tan cómoda están privando a sus hijos de una de las más ricas experiencias que una persona pueda tener: el acercamiento a lo trascendente que da un profundo sentido de la vida, el contacto subjetivo y objetivo con Aquél que es Padre de seguridad, dado que por naturaleza somos inseguros, cuánto más en la fragilidad de la infancia. La formación espiritual es un derecho que no debe ser arrebatado al niño. ¿No invita el Maestro a acercar a los niños a Él sin impedírselo?

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